miércoles, 21 de enero de 2015

La primera vez que vi su sonrisa pensé que no podía existir algo tan hermoso y terrorífico a la vez. Por alguna razón mi principal objetivo se convirtió en hacerle reír. Quería disfrutar de el placer que se me otorgó al tenerle cerca. Observé su rostro en silencio, escuchándole reír de algún chiste malo que alguien contó. Grabando en mi memoria cada gesto que el hacia, citando mentalmente las palabras que él me decía. Imaginé verle dormir dulcemente, respirando tranquilamente mientras yo le rozaba el pelo. Quería tener alguna escusa para contarle que no soporto tenerle lejos, pero cada vez que tenía la oportunidad desaparecia.
Desde que le vi sonreír en aquel banco, supe que quería despertarme todos los días con esa sonrisa reluciente que me hace sonrojar aunque solo me la imagine.
Tengo una lista de canciones que me gustaría dedicarle, la mayoría de ellas le explican a la perfección lo que me hace sentir con ponerme simplemente un hola.
Y es que de verdad, no sé como explicar como algo tan pequeño y bonito puede crear sentimientos tan fuertes, crueles y dolorosos.

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